Contaban las personas mayores del barrio de
San Juan que hace muchos, pero muchos años se corrió un chisme
que causo polémica en todo el pueblo de Totatiche.
Supuestamente una mujer vestida de blanco
con los cabellos largos, se aparecía dando vueltas alrededor del cerrito
de la Virgen o de la cofradía como se le conocía antiguamente.
¿Será la Virgen que nos quiere
dar un mensaje? decían unos, ¿Habrá dinero enterrado?
comentaban otros, dando cada quien su punto de vista.
Había un hombre muy atrevido que vivía
en la ladera del pueblo, y para calmar los bullicios de la gente, se propuso
ir al cerrito para saber quien era la supuesta mujer que se aparecía,
pues el no le temía a nada, además que quería callar
los comentarios absurdos que la gente tenía.
Lleno de valentía, una tarde se dirigió
al cerrito de la Virgen, pero antes de subir al cerro se echo un “traguito”
para darse animo.
Muchas personas que caminaban al vecino rancho de Santa Maria lo vieron esperando
arriba del cerro, sentado en un peñasco. Pero… así pasaron
una, otra y otra hora y absolutamente nada pasaba, ni nadie se aparecía.
Mientras tanto, en el pueblo las campanas anunciaban la última llamada
de misa, además el sol ya se empezaba a ocultar.
Al fin oscureció, el hombre muy molesto y decepcionado grito desde
el cerrito: “gente chismosa y argüendera, ¿dónde
esta la vieja que no la veo?”.
Pasado mucho rato, volvió de regreso
al pueblo, pero cuando bajaba a medio camino del cerrito sucedió lo
inesperado… Una mano heladísima toco su hombro izquierdo, él
extrañado y lleno de miedo miró hacia atrás para ver
quien lo tocaba y se aterro a un mas al ver que ¡era una mujer de rostro
palidísimo con lagrimas en los ojos y de cabello muy largo y desgreñado!.
Helado y temblando de miedo le dijo: “En nombre de Dios te exijo que
me digas quien eres y que quieres”. Ella llorando y lamentándose
con voz ronca y triste le respondió:
“Tengo siglos penando, les hice una
promesa muy especial al Santísimo Sacramento y a la Virgen del Rosario
y nunca se las cumplí, necesito que la cumplan y manden decir unas
misas en sufragio por mi eterno descanso, porque mis remordimientos aun no
me dejan en paz”.
El hombre dio unos gritos de espanto tan
fuertes que los vecinos de San Juan corrieron hacia el cerrito a ver que era
lo que pasaba.
Al llegar lo encontraron tirado y temblando, todo pálido de miedo y
tapándose los ojos, pues temía abrirlos y ver a la mujer de
nuevo.
Al día siguiente, ya tranquilo les contó el horrible suceso,
impactando a todos los que lo escucharon, inclusive muchos dudaron de él.
Este hombre murió de un infarto ¡justo una semana! después
de lo sucedido.
¿Cuál promesa?, nadie lo sabe, lo que es cierto es que dicen
que esta anima sigue aun penando en el cerrito de la Virgen. Es por eso que
nunca hay que hacer promesas y no cumplirlas.